¡¡¡Buff, qué estrés!!!
No sé si soy la única a la que el mes de julio le acaba estresando bastante o es algo común a la mayoría, con eso de planear las vacaciones antes de que lleguen, hacer las maletas corriendo,terminar asuntos de última hora o el bajón del calor... En mi caso, es un poquito más estresante aún, ya que se acercan peligrosa y sigilosamente mi cumpleaños y mi santo a mediados de mes. Y siempre me suele pillar el toro. A mí me encanta celebrarlo, no lo puedo dejar como un día más, porque si nos creamos días especiales para bien, ¡los días especiales para mal siguen apareciendo de todas formas! Total, que tengo que hacer mis cosas como siempre -este año tengo muy pocas vacaciones- mientras soporto un calor sofocante e intento planear mis vacaciones haciendo equilibrios para que mis padres no se enfaden conmigo. Además, ¿qué hago en mi cumple? Al final, acabo celebrándolo varias veces con distintos grupos de amigos y ¡todo a última hora! Por si faltaba algo, está la ansiedad de tener cerca la playa pero no lo suficiente como para poder ir tranquilamente si al día siguiente tengo que trabajar temprano. ¡Y encima ponte a entrenar dos o tres veces por semana! ¡Tengo que hacer el firme propósito de ir a la playa más, aunque me cueste un esfuerzo y unos kilómetros de coche! Pero creo que merecerá la pena. Bueno, bueno, ¡qué estrés! Voy a ver si sigo planeando mis días y consigo que el verano no pase delante de mis narices como hizo el año pasado, ¡el muy mamón!
Conducir es volar
Me encanta conducir. Siempre supe que quería sacarme el carnet en cuanto la ley me lo permitiera. Algo me decía que me gustaría mucho. ¡Y eso que nunca tuve la experiencia hasta que me puse al volante del coche de la autoescuela y le dije al profesor: "¡No, si cuando te dije que nunca había conducido es que nunca había conducido! ¿Dónde está el acelerador?"
Me costó muchas clases debido a mi carácter aventurero y curioso que no me dejaba ceñirme a lo necesario para aprobar, sino que me llevaba a experimentar situaciones nuevas y diferentes con el coche. Me sorprende la tranquilidad del profesor al volante, que nunca se ponía nervioso aunque hubiera peligro. ¡Menudas anécdotas tengo al volante, ja ja!
El caso es que me costó mucho esfuerzo y mucha lucha conseguir por fin el coche después de 8 años de carnet sin casi oportunidad de practicar y con una gran frustración. Yo sabía que conducir me haría muy feliz y hoy día el viaje de ida y de vuelta hacen que merezca la pena ir a sitios que no me agradan tanto -como el trabajo o el entrenamiento físico-.
La sensación que tengo al volante, con esa suavidad de maniobras, esa independencia y agilidad, esa libertad que se respira, ese optimismo, esa ilusión que siento al conducir... esa autoestima que me da sentirme capaz de llevar un coche muy bien, ese orgullo de ser mujer al volante, esa mezcla entre precaución y atrevimiento... eso no se paga con dinero. ¡Eso es volar!
Y mi querido Cetrito -un C3 azul clarito que nunca me falla- es el mejor coche del mundo!!! No lo cambio por ninguno más caro o más grande. Y estoy segura de que él tampoco me cambia a mí! :-)
PD: Para ser feliz no hace falta tener mucho dinero sino ilusionarse con lo que consigues con él. (Estoy segura de que soy mucho más feliz que el cliente que viene todos los días con un Chrysler. También creo que la gente adulta pierde la capacidad de ser feliz con poco y, de hecho, se ríen de los que aún la tienen, creyendo que son unos pobres hombres, cuando los pobres son ellos en realidad).